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martes, 3 de diciembre de 2013

Quinta etapa: entre Trinidad y Santa Clara, 21 de abril de 2013




Recuerdo el domingo como uno de los días más divertidos. Cargamos las mochilas en el picanto y nos dimos la última vuelta por Sancti Spíritus. Nos intrigaba mucho ver la plaza, que no es otra cosa que lo que en España conocemos como mercado. Los andaluces lo habréis entendido a la primera (mi madre, gaditana, siempre habla de que su prima Mari tiene un puesto en la plaza). Ojalá hubiéramos probado más frutas. Aunque teniendo en cuenta la velocidad con la que se reproducen las bacterias (de una a mil en tres horas), de lo que no me arrepiento es de no haber catado la carne expuesta al aire y sin frío.




Sancti Spíritus

Camino a Trinidad recogimos a una cubana que no se nos va a olvidar nunca, no sé si por su morro o por su desparpajo. Le dijimos que íbamos a Trinidad y nos contestó que ella también. Era Cari, de profesión manicurí (la que te hace la manicura). A las cubanas les chifla, aquí serían felices con tanta china con mascarilla. Estaba separada, su hijo vivía interno en un cole de otra zona durante la semana, e iba a Trinidad a comprarle jabón con una garrafa de agua vacía en la mano. Le dijimos que nos quedábamos en la torre del cafetal, nos dijo que allí tomaría otro carro y nos despedimos.

La torre de la que os hablo era otro insulto al pueblo cubano: símbolo de la época de los esclavos, desde ella se vigilaba la jornada de trabajo de los que recogían la cosecha en los campos de café. Previo paso por caja (5 CUCs por cabeza) subimos hasta arriba. Supervistas, no digo más.




Una camioneta y guiris al fondo
Una hora y media después regresamos al coche y... "¡Pero bueeeeno, qué casualidad! Fíjense que yo decía: qué pena ya no encontrarse de nuevo con mis amigos Ismael y Marta. Y gracias al señor nos hemos vuelto a reunir! ¿Van para Trinidad?" La tía nos había estado esperando. Tiramos para Trinidad e insistió en que no podíamos pasar por allí sin ir a Playa Ancón. Nos dejamos llevar y entendimos el por qué de su insistencia.




La verdad es que la playa era una pasada. Pero ella tenía otros motivos. Como buena caribeña, era supersticiosa a más no poder. Lo que quería era llenar la garrafa para limpiar su casa con agua salada contra los malos espíritus y, como veis, Isma le gustó más que yo. Nos dimos un bañito aunque ella no se metió en el agua para no estropearse sus mejores pantalones y yo, para no romper la tradición, volví a achicharrarme.

Ya en Trinidad nos despedimos por segunda vez y le dimos nuestro email. Quería que mantuviésemos el contacto. Subimos calle arriba y aunque la ciudad era preciosa, colonial y restaurada, era demasiado previsible. Después de pasar por Varadero, los autocares de turistas descargan aquí para que parezca que has visto algo de Cuba, y nada más lejos de la realidad. Creo que no vimos otro sitio con más restaurantes y tiendas por metro cuadrado, aunque encontrar un sitio cuidado era de agradecer entre tanta ruina...


Queríamos comprar puros y mientras yo hablaba con un viejo apareció el típico cubano que te lo vende todo. Le seguimos hasta una casa donde nos hicieron subir hasta un cuarto en penumbra y aquí empieza lo más surrealista de todo el viaje. Me senté frente a una cama enorme y por la puerta empezaron a aparecer varios tipos con sombrero que dejaban cajas y cajas sobre la colcha. Como si se tratase de un alijo de droga, nos las abrían una a una, para que las oliésemos. Uno se encendió un puro largo, el cuarto se inundó de humo, las sombras se proyectaban en la pared. Sólo hablaba el primero y el resto nos miraban callados. Peli de gangsters, y yo dije: de aquí salimos en pelotas.

Pero no. Qué mal pensada. Salimos con una caja de Cohíbas y nos asomamos a la puerta de una escuelita. A pesar de la falta de medios, lo de que en todas las clases hay una tele es cierto. Lo que no sé es cómo el comunismo adopta un eslogan tan triste como este para defender su modelo de progreso educativo. Salta a la vista la precariedad de medios, aunque ojalá en España hubiese una universidad en cada pueblo, como ocurre allí. Nada de centralismo: una en cada pueblo.






Os prometo que antes de arrancar el coche nos cruzamos otra vez con Cari. Tercera despedida en lo que iba de mañana y en marcha hacia Santa Clara con nuestro cochecito. Decidimos ir por los Topes de Collantes, que no son más que una pequeña sierra en la que no paraba de llover. El automático iba como el culo y aunque metimos la marcha "de fuerza" aquello no subía las cuestas. Temiéndonos que se nos calentase el motor, con una lluvia de tres pares, subimos a un autoestopista con dos machetes en la mano. El tipo era un guajiro (nos suena a la canción de guantanamera, aunque es un término despectivo para hablar de un campesino cubano) educadísimo, por cierto. Atentos a las fotazas con ese agua evaporándose.







En la cima de los Topes de Collantes
Destacar que con el tormentón nos desorientamos. Como si estuviésemos en el dakar, muerta de cansancio paré el coche en un cruce porque no sabía para dónde ir (en hora y media no nos habíamos cruzado más que otro coche-guiri, la carretera a ratos era camino, otros tramos estaban en obras, olvidaos de los quitamiedos e imaginaos un único carril de ida y vuelta con las curvas y desniveles de un puerto de montaña). En esto que, lloviendo a mares, un señor que estaba en su mecedora sale del porche a todo correr y viene hacia nosotros. Le parecía que teníamos problemas y venía a ayudarnos. Gracias a sus indicaciones conseguimos salir de allí, porque se nos estaba haciendo de noche y yo ya me veía durmiendo en mitad de la nada. Se empapó y nos devolvió una sonrisa. Viva Cuba!

Para cerrar el día, llegando a Santa Clara, ciudad dedicada por entero al Ché y a los revolucionarios, montaron en el coche dos tíos de 16 y 18 años, pura aventura. Sabían que si les pillaban recorriendo el país se meterían en problemas con la policía y regresaban de la Habana, donde habían ido con dos amigas. Sorprendía su locuacidad y su furia contra el régimen. Querían que nos quedase claro que los ideales del Ché habían sido buenos, pero que el poder les corrompió y aquella locura duraba ya sesenta años. Se denominaban opositores (y no disidentes). Fue una charla de las mejores y de ella sacamos la mejor frase del día: "En este país en el que no funciona nada, el cubano hace que trabaja y el Gobierno hace que paga".

lunes, 18 de noviembre de 2013

Cuarta etapa: Ciego de Ávila y Sancti Spiritus, 20 de abril de 2013




La leche también sabía rara en este hotel pero fue lindo desayunar en el patio del República. Dejamos atrás la mini habitación de Camagüey y la sorpresa del día llegó antes de las once.

Paramos el coche en una recta. Qué chorrada, porque en la carretera central apenas había curvas, y subieron una madre y su hija, que ese día estrenaba unos vaqueros que le venían grandes y los llevaba remangados. Venían del fotógrafo del pueblo porque la niña cumplía dos años. Con ese pedazo de pelo Isma le hizo una foto, aunque ella se moría de vergüenza.



La madre tenía diecisiete años y era soltera. "Los hombres solo nos quieren para divertirse y luego no quieren saber nada de los niños". Hasta aquí no hay mucha diferencia con España (de momento nos quedamos embarazadas con el mismo procedimiento); sin embargo, ella vivía en un reparto en mitad de un campo de maíz en Céspedes, todavía en la provincia de Camagüey. Nos contaba que hasta para comer pasaba fatigas. Quería pagarnos por el viaje (normalmente la gente hace autostop con billetes en la mano) y que la dejásemos al pie del camino de tierra pero con la niña nos dio cosa y la llevamos hasta casa.

Recorrimos un kilómetro o dos por el embarrado y empezamos a ver a gente que se asomaba en los porches. La chica salió del coche llamando a su familia y aparecieron dos niños de unos doce y trece años, hermanos suyos (cada uno de un padre diferente), su madre, de treinta y cuatro y su tía, que también tenía un crío por allí. La abuela (la de treinta y cuatro años) se llamaba Liyani, la hija Leyani y la nieta Layani: "Los hombres de mi hija y mi nieta me los inventé yo, me encantan".

Layani y sus tíos.

Tres mujeres sin pareja ni trabajo y en mitad del campo. Nos encontramos con muchas mujeres solas en Cuba y además con muchas separadas mayores, más de las que yo me podía imaginar (hasta en eso nos sacan ventaja). Subieron el volumen de la música del dvd del salón (chocaba ver esto en una casa tan humilde) y Layani empezó a bailar salsa. El vídeo que grabé es un espectáculo: con dos años movía el culo como si lo llevara en la sangre. "¡Mueve la cinturita, perrea!", y la niña perreaba.

Les dejamos varias mochilas con cuadernos, pinturas y esas cosillas (en la foto se ve la carpeta de Mila), nos dieron las gracias mil veces (*os las dieron a vosotros) y nos atiborraron a chirimoyas que la tía traía de su jardín; aunque les dijimos que no hacían falta no nos dejaron cerrar la puerta del coche sin que las cargásemos.




En un descuido, Leyani, la madre de la cría, vino corriendo y nos dijo por lo bajo: "Me da mucha vergüenza preguntárselo pero les voy a pedir un favor... ¿Ustedes no tendrán un hermano?" Sabía que que estábamos allí solos así que no pillábamos por qué preguntaba eso. "No, yo digo uno soltero que se quiera casar conmigo, me da igual la edad que tenga, yo me caso con él. O un tío o un primo. Miren que aquí casi no tenemos pa comer y con la niña y sin trabajo yo así no puedo". La pobre casi se pone a llorar y nosotros nos reíamos de la ocurrencia, pero estaba totalmente convencida, como pensando que a saber cuándo volvería a cruzarse con dos que se la pudieran llevar para España.


Pensé en todas esas parejas que en los últimos diez años salían como setas por Madrid de españoles cincuentones, feos y casposos con mujeres de países como República Dominicana o Ecuador y todas las veces en que yo había pensado qué necesidades pasaría una mujer para estar con un tipo así. Y me acuerdo de Leyani cuando las veo en el metro, la indiferencia con que algunos las miran, como si las tuviesen para planchar y cocinar. Asco puto. Nos largamos de allí con la promesa de enviarles por carta las fotos que véis, que nunca sabremos si recibieron porque para que nos respondiesen tendrían que dejar de comer dos días.

Ya en Ciego de Ávila nos tomamos una pizza de tomate y queso por cinco pesos de moneda nacional (0,20€ al cambio y mismo precio en todo el país). Os recomiendo que si váis a Cuba no sólo cambiéis de euros a CUCs (la moneda de los turistas) sino que también os hagáis con moneda cubana, la corriente. De esa forma podréis comprar en los comercios normales, pagar en los restaurantes locales y de paso encontrar un billete del Ché.


Volviendo a las pizzas, es curioso ver que las hacen en la sartén y las doblan por la mitad. Son todo harina y muy gruesas, pero te llenan, que es lo principal. En muchas casas abren la ventana de la cocina y ya tienes el chiringuito montado. Es la fast food cubana y se hacen colas que ya las quisiera McDonalds. Puedes acompañarlas con un vaso de una especie de gazpacho que no llegué a probar. Isma coronó el banquete con un pastelito verde fluorescente de una dulcería llena de moscas. LLENA. TAMBIÉN EN LOS DULCES.

Sin esforzarte mucho podías contar 30 moscas por baldosa. Imaginad las que había en los pasteles.

Por Ciego de Ávila íbamos de paso, así que seguimos hacia Sancti Spiritus y nos moló, aunque por la noche nos quedamos en el hotel porque llovía a mares. Os dejo con algunos tiros de ambas ciudades.

Sofocante calor el de Ciego.

Raúl y Fidel vigilando desde las alturas.

Siempre me han fascinado las ristras de ajos, por cierto, muy caros allí

Edificio colonial en Ciego de Ávila.

Isma, guapo, ya en Sancti Spíritus.


Un parqueo (aparcamiento) a lo cubano.


Sí, es un perro al borde de un tejado.

sábado, 19 de octubre de 2013

Primera etapa: Santiago de Cuba, 17 de abril



Si digo que el primer día en Cuba disfruté, mentiría. La foto que nunca tiré fue la de las cruces de la catedral arrancadas de cuajo por el huracán Sandy, así que sólo os queda imaginarla. Estaba demasiado preocupada pensando en que me podían robar la cámara y no me atreví a sacarla de la mochila. Y es que Santiago de Cuba me agobió; no sé cómo Isma no me dejó en la puerta del hotel y se fue solo.

Fue llegar y un calor terrible, una ciudad sin sombras, todo el mundo en la calle a las tres de la tarde, como si no hubiera mañana. La gente nos pedía pasta de dientes, cepillos, jabón... Nos pedían hasta las botellas de agua vacías. Y tú llevas una réflex a la espalda y te sientes mal. Y mi blanco nuclear no te lo quita nadie, así que asumes que vas dando el cante por cada esquina, sales del hotel y ya tienes escolta. Y es que el cubano tiene mucho tiempo libre. Nos lo decía uno: "Pero allá en España dicen que si faltas un día a trabajar no te pagan y el jefe se enoja. ¿Cómo es eso? ¡Yo si no voy un día a trabajar no hay problema!" Mirando atrás, ya no sé si es que en Cuba no pasa nada o es que hay muchos cubanos sin trabajo, que también.

Nuestro plan era recorrer la isla de punta a punta, desde Santiago hasta la Habana, pasando por cuantos más pueblos mejor. No sabíamos cómo serían las carreteras, si nos daría tiempo a hacer nuestra ruta ni tampoco cómo cambiar una rueda si pinchábamos. Por suerte, nos topamos con muchas más historias de las que esperábamos, pero eso poco a poco.

Como decía, salimos del hotel y ya teníamos a un tío que nos siguió por todo Santiago los dos días que pasamos allí. Quería ser nuestro guía y como no le hacíamos caso aparecía por la otra punta de la ciudad a ver si ya habíamos cambiado de opinión y le contratábamos. El tío era pesado, pero pesado de verdad. Cuando nos encontraba nos decía: habéis estado aquí, aquí y aquí. Y yo me acojonaba porque el tío nos seguía de verdad. Pero cuando te dan una botellita de aceite si llevas a dos turistas a comer a un restaurante y no tienes otra forma de conseguirlo entiendo que te lo curres. #lapicarescaespañola

Entramos a un agropecuario (supermercado) a comprar agua y se nos vino el alma al suelo. Desabastecimiento no es la palabra, la palabra es diferencia de clases: en Cuba NADIE se muere de hambre, pero por mucha vaca que haya en la isla, la gente solo prueba el cerdo y los frijoles de la cartilla de racionamiento, mientras miembros del gobierno conducen coches que ya los quisiera mi jefe. El kilo de filete de res supone la mitad del sueldo de un mes. ¿Quién la come entonces? Había una tienda por la Avenida de las Américas, una auténtica crueldad en mitad de Santiago, en la que podías encontrar pasta, agua embotellada (a precio de gasolina), algo de carne, salsa de tomate... y un microondas. La gente miraba el microondas como Antonio Alcántara miraba los coches cuando no tenía ninguno...

La ciudad de Santiago, melacólica y bulliciosa, necesita un buen repaso. Cierto es que Sandy la machacó, pero está bastante olvidada. Imposible estar en Santiago y no bajar por el Paseo Martí en dirección al cementerio de Santa Ifigenia, donde tantos héroes nacionales yacen enterrados. Propaganda del régimen, sí, aunque impone.



De vuelta por el arcén de la carretera, cruzándonos con carros tirados por animales y campesinos a caballo, nos topamos con la barriada del Reparto Juan García Gómez. Lo de que todos los cubanos tienen casa es cierto, pero no sé cómo llamar a estas.







Por suerte los cubamos no tienen de nada, pero "el cubano resuelve". Resolver viene a significar que sacan de donde no hay y acaban encontrando solución a cualquier problema con ingenio, positivismo y buen humor. Y si no tienen algo lo piden y otro cubano se lo presta o conmuta (intercambia). Por eso tantísimos cubanos nos pidieron ser sus guías y enseñarnos la ciudad, y llevarnos donde no nos iba a llevar nadie, y descubrirnos los mejores paladares (escasos restaurantes que no son del Estado y han conseguido una licencia de apertura) o recomendarnos dormir a una casa "particular", que no es otra cosa que el eufemismo de pensión privada, que el término privado no se estila en estos lares.

Los amarillos, guardias que controlan el autostop. El transporte colectivo es el más extendido en Cuba debido a la escasez de autos. Por unos pocos pesos, la camioneta cargada de gente que viaja de pie te acerca a tu destino

De Santiago me quedo con el shock inicial, los contrastes de colores y la piel de esta gente curtida en la fatiga. Os dejo unas fotos de un partido de béisbol en mitad de la ciudad. Si Cuba es una potencia en deporte no es casualidad... Los países comunistas siempre nos ganan en esto, bastante inteligentes por cierto combatiendo la escasez de recursos sanitarios con la prevención en enfermedades gracias al ejercicio. Aunque ni en el campo te olvidas de "la lucha".